https://drive.google.com/file/d/0B4ap_cCW5lX8WC1sLUwwRWJEdHc/view?usp=drivesdk

 

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¿Cómo es posible, se pregunta Angela Davis, que habiéndose gestado el feminismo americano, como movimiento y teoría política, en el seno de las luchas abolicionistas y obreras de finales del siglo XIX, la voz y las reivindicaciones de las mujeres negras hayan sido sistemáticamente invisibilizadas por el feminismo blanco liberal? Esta pregunta la impulsa a trazar una nueva genealogía de los movimientos radicales de liberación norteamericanos en la que desvela las raíces comunes de las luchas antiesclavistas y de los movimientos de defensa de los derechos de las mujeres. Davis aprovecha la ocasión no para señalar la discriminación racial operada por el feminismo dominante, sino para afirmar un nuevo programa feminista, basado en una alianza transversal que critica las exclusiones de raza, género, clase y sexualidad, que se plantea como proyecto de emancipación colectiva. El feminismo se convierte en un vector de crítica y desmantelamiento radical de las estructuras transversales de control político y social que van desde el espacio doméstico hasta las cárceles, pasando por los estatutos que confieren ciudadanía, trabajo, identidad o pertenencia.

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